Si salen bien parados de esta, habrá que darles un premio a la resiliencia.
El PLD ha demostrado que es duro de matar, pero si sale bien de su próximo reto, eso que los peledeístas llaman “la consulta”, habrá que darle un premio a la resiliencia. El camino, hasta ahora, ha estado lleno de tropiezos.
Cuestionamientos dentro y fuera
Con su consulta, el PLD pretende definir con anticipación su candidatura presidencial. Desde el principio ha estado claro que no es vinculante, por lo que su efectiva aplicación depende de un acuerdo interno, y de que todos lo respeten. Es una repetición de lo que se hizo para las elecciones del 2024. Pero aquella vez hubo consenso y ahora no. Y los cuestionamientos a la legalidad y legitimidad del proceso comenzaron desde que se anunció, y no se han detenido. Hasta algunos de los aspirantes han cuestionado la consulta, incluido Francisco Domínguez Brito. De hecho, otro aspirante, Manfred Mata, sometió un recurso ante el TSE, aunque luego lo retiró.
Las rarezas
Que uno de los aspirantes haya acudido con dudas a la JCE y que otro haya sometido una instancia ante el TSE no son las únicas rarezas del proceso. También se han visto otras. Por ejemplo, el aspirante que se tenía como favorito, rehusó inscribirse, y otro que no estaba en el radar de casi nadie, optó por competir. Abel Martínez no solo encabezaba las encuestas sino que fue el ganador de la anterior consulta, por lo que se entendía que iba a competir nuevamente, pero decidió no hacerlo y le puso un signo de interrogación a una metodología que antes validó. En cambio, Gonzalo Castillo, el candidato del 2020, a última hora decidió meterse en la lista de aspirantes, con lo que se la puso difícil a los Francisco, que eran los favoritos ante la ausencia de Abel.
Factor Abel
Mientras el montaje de la consulta avanza, surge otro elemento que genera ruido. Abel Martínez ha reconocido que su intención es enfrentar al ganador de la consulta. Nunca lo había dicho, pero se podía inferir. Y lo malo del plan de Abel es que va en contra del propósito de la consulta, que era definir con anticipación el candidato. Ahora resulta que los morados van a tener dos competencias: La consulta, y posteriormente, las elecciones internas.


